Cómo trabajar la tolerancia a la frustración en niños: estrategias, juegos y herramientas emocionales

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Un niño reconstruyendo una torre de bloques después de que se cayó

La frustración en los niños es una emoción natural, frecuente y necesaria, que forma parte de la vida y del proceso de aprendizaje. No se trata de evitarla a toda costa, sino de enseñar a gestionarla con herramientas adecuadas. Enseña a los niños a reconocer y manejar la frustración, a ponerle nombre y a actuar sin hacerse daño ni dañar a otros, es clave para su bienestar emocional.

Trabajar la tolerancia a la frustración desde edades tempranas permite desarrollar la tolerancia, el autocontrol, la empatía y la capacidad de manejar mejor la frustración en situaciones cotidianas. Estas habilidades emocionales no solo los ayudan en la infancia, sino que los acompañarán a lo largo de la vida, reduciendo el riesgo de reacciones desproporcionadas, ansiedad o depresión ante las dificultades.

Permitir que los niños enfrenten pequeños desafíos sin resolver todo por ellos es una de las formas más efectivas de fortalecer su resiliencia. La clave está en acompañar con presencia y calma, y en saber cómo fomentar estrategias saludables de regulación emocional en cada etapa.

¿Qué es la tolerancia a la frustración infantil y por qué aparece?

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La frustración surge cuando el niño no consigue lo que espera: un juguete que no funciona, perder un juego, un adulto que dice “no”, tener que esperar. Esto es especialmente común entre los 2 y los 6 años, porque aún no han desarrollado del todo la capacidad de autorregulación emocional.

¿Cómo se manifiesta la poca tolerancia a la frustración en la infancia?

  • Llanto intenso o rabietas
  • Gritos, patadas o golpes
  • Frases como “¡No puedo!”, “¡No quiero!”, “¡Es injusto!”
  • A veces, se aíslan o se bloquean

➡️ Si estas reacciones duran más de 3 meses, son muy intensas o afectan su vida social, conviene consultar a un psicólogo infantil.

Estrategias y consejos para mejorar la tolerancia a la frustración en niños

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1. Modelar calma y solución

El mejor aprendizaje es el ejemplo. Decir:

“Estoy frustrado porque el coche no arranca, pero voy a respirar y buscar una solución”.
Hace más que cualquier sermón.

2. Validar emociones, sin minimizar

En lugar de “no llores” o “no es para tanto”, podemos decir:

“Veo que te sentís muy enojado. Es difícil cuando algo no sale como querés. Estoy acá para ayudarte”.

3. Lenguaje emocional y vocabulario

Poner nombre a lo que sienten les da poder para gestionarlo. Frases como:

  • “Parece que estás frustrado”
  • “¿Querés contarme qué no te gustó?”
    son clave para que aprendan a expresarse.

4. Rutinas claras y anticipación

  • Avisar cambios: “En 5 minutos vamos a guardar los juguetes”.
  • Ofrecer opciones limitadas: “¿Querés ponerte esta remera o esta otra?”

Esto evita sorpresas bruscas que generan frustración innecesaria.

Actividades para trabajar la frustración en niños (por edades)

Niño dibujando en papel con crayones y cara tranquila

🧸 2–4 años

  • Juego de la tortuga: se esconden como caparazón, respiran profundo y salen al terminar.
  • Torres de bloques: construir y dejar caer a propósito; celebrar el volver a intentar.
  • Soplar plumas o burbujas: relaja el cuerpo y canaliza el malestar.

🎲 4–6 años

  • Puzzles progresivos: si se frustran, pueden decir “pausa” y continuar al otro día.
  • Juegos de mesa simples (oca, memoria): aprender a esperar turno y perder sin drama.
  • Role-play con muñecos: representar escenas frustrantes y pensar salidas posibles.

⚽ 6–9 años

  • Deportes o ajedrez infantil: enseñar a analizar qué salió bien o mal después del juego.
  • Cuentos sobre emociones: como “El monstruo de colores”, o historias donde el personaje se frustra.
  • Caja de herramientas emocionales: carteles con opciones: respirar, pedir ayuda, dibujar.

Técnicas de regulación inmediata

Un niño abrazando un peluche cerca y cerrando los ojos

📌 Pausa + respiración

Contar con el niño: “1 elefante… 2 elefantes…” mientras respira lento.

📌 Dibujo corporal

Pedirle que dibuje en una silueta dónde siente la frustración. Luego, colorearlo como forma de “liberar”.

📌 Plan post-crisis

Después de un berrinche: “¿Qué pasó? ¿Qué podríamos hacer diferente la próxima vez?”

Consejos clave para adultos

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✅ Reforzar lo positivo

“¡Qué bien esperaste tu turno!” es mucho más potente que regañar. Reforzar los pequeños logros crea motivación interna.

❌ No rescatar a la primera

Si el niño se frustra porque no puede abrocharse un zapato, podemos decir:

“Intentalo un poco más y si necesitás, te ayudo”.

Aprender a tolerar el error es parte del desarrollo emocional.

❌ No minimizar ni exagerar

Evitar frases como “no es para tanto” o dramatizar: “¡Siempre hacés esto!”. Mejor enfocarse en el momento presente y en lo que sí se puede hacer.

¿Qué pasa si no lo trabajamos?

Una baja tolerancia a la frustración en la infancia puede derivar en:

  • Ansiedad ante el error
  • Baja autoestima
  • Reacciones desproporcionadas ante el “no”
  • Evitación de retos (“mejor no lo intento”)

Por eso, fomentar la gestión emocional desde pequeños no es opcional: es una inversión a largo plazo.

Enseñar a frustrarse… y a recuperarse

Un niño sentado en un banco respirando hondo y un cuidador mirando con calma

La frustración en los niños no es un problema a eliminar, sino una oportunidad de enseñarles habilidades que usarán toda la vida. Aprender que “no siempre se gana”, que “puedo intentarlo otra vez” o que “puedo estar triste sin romper nada” les da autonomía, seguridad y herramientas para enfrentar la vida con más equilibrio.

Y si un día no pueden, tu calma será el mejor refugio. Porque aprender a tolerar la frustración también es un proceso... para todos.

 

 
Publicado en: Beneficios Montessori

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